Lo que más me asusta de irme es lo mucho que voy a extrañar a mi familia... pero algún día sucedería, me consuelo pensando que es sólo un año, pero me muero de miedo al pensar todo lo que puede pasar en el año que yo esté lejos.
Ahora cada vez que quiero pegarle a mis hermanos, o ponerme brava con mis papás, pienso en todo lo que extrañaré esos momentos y lo mucho que tengo que aprovecharlos. Me carcome la ira por dentro pues esta herencia maldita de pensar que cada que uno cierra la puerta y se va, así sea solo a la universidad, los papás se van a morir y uno va a tener tanto remordimiento y culpa, se la debo a mi educación católica donde cada vez que había oportunidad nos castigaban con posibilidades remotas de ser atropellados por un bus, o ser víctima de un ataque de oso polar, y cosas por el estilo sólo para obligarnos a estar siempre bien con todo el mundo, como buenas damas distinguidas, que no alzan su voz, no sienten ira y siempre tienen una sonrisa para todos los desmanes de sus hombres.
Así que después de catorce años, de los veinte que tengo, de semejantes torturas sicológicas no puedo no sentir pavor pero trataré en estos meses que me quedan acá de convercerme de que ese año fuera será sólo para mi, para conocer los lugares que siempre quise ver, para conocer nuevos amigos y para aprender muchas cosas nuevas que me harán más feliz y que nada ha de pasar, sólo cosas buenas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario