miércoles, 24 de octubre de 2012

Nadando con delfines


.... a Valentina

Tenía apróximadamente 5 años, estábamos en Santa Marta, en el acuario... después del show ofrecieron nadar con los hermosos delfines, le pregunté a mi mamá si podía hacerlo y me dijo "No, es muy caro y si te metes tu hay que meter a tu hermano y no hay plata". Triste, me subí de nuevo en el bote y partí dejando atrás mi sueño de nadar con esos preciosos animales.

Decidida a no decepcionar a mi niña interior, aproveché mi más reciente viaje al mar para cumplir este sueño... Salí muy temprano a coger la buseta que me llevaría al Rodadero y después de mirar los destrozos que hacemos los turistas en tierras extrañas tomé una lancha con destino al acuario que no visitaba desde aquella vez. Como siempre que visito un lugar después de haberme estirado 1,50m me pareció bastante pequeño y me sentí muy mal al ver a esos animales encerrados... ya me estaba arrepintiendo.

Ahorré para hacer esto, llegué hasta aquí y no me voy a ir sin intentarlo... así que pagué y esperé mi turno. El corazón me latía rápido mientras emergía esa delfincita con cuello rosado llamada Valentina. Me puse el chaleco salvavidas, y me paré en la plataforma con mi compañera de aventuras: Emma. Ella tiene 4 años y me imaginé a mi misma a esa edad por fin sumergiéndome con uno de mis animales favoritos, me sentí feliz.

Es hora de meternos, pero antes Valentina tiene que saber quienes invadirán su territorio, así que la saludamos y nos presentamos... me lancé a ese pozo de agua cristalina con peces de colores. Desde la Sierra bajaban unas nubes negras y los truenos sonaban cada vez más fuerte, pensé que el clima me iba a dañar el momento pero no llovió....

Valentina salía a saludarnos con su boca abierta esperando los trozos de pescado que debíamos darle "Ella apenas está siendo entrenada" me decía la niña que nos acompañaba, en ese momento me dí cuenta que estaba patrocinando una de las prácticas que mas condenaba y que lo hacía por vivir la experiencia, de manera egoísta sin pensar en Valentina la delfín.

Al indagar por qué era tan pequeña me contaron que los de su especie eran así, pregunté dónde la habían capturado y me dijeron que en la Guajira y ahí fue cuando me la imaginé nadando en el inmenso mar y siendo atrapada por redes enemigas... Me dieron ganas de llorar.

Nadé con ella y le dejé mi corazón... a todos los animales atrapados.... No lo volveré a hacer.

Es el momento para invitarlos a no visitar zoológicos ni acuarios y a no patrocinar espectáculos que degraden a los animales y los conviertan en un instrumento de diversión humana.



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